2 dic. 2012

Los telómeros: Envejecimiento y enfermedad

Steve Matlin, CEO de la biotecnológica española Life Length. (Pinies & Aguilar)

Una prueba nos dirá la fecha de nuestra muerte. Y nos hará vivir mucho más felices

Los telómeros son unas secuencias de ADN ubicadas en los extremos de los cromosomas. Presentes en plantas y animales desde que hay vida en la faz de la tierra, pronto dejarán de ser desconocidos para el gran público porque de ellos dependerán nuestras decisiones vitales más importantes, el estilo de vida y la forma en la que nos enfrentamos a los problemas de salud. De los telómeros se puede extraer información que ni el científico más optimista podría haber soñado hace tan solo una década: la esperanza de vida, el tipo de enfermedades que vamos a sufrir o la influencia de los hábitos alimenticios y de ocio en nuestra calidad de vida, entre muchas otras cuestiones.


Los padres de la técnica TAT (Tecnología de Análisis de Telómeros), que ha permitido extraer toda la información presente en esta microscópica región del ADN, son españoles y la empresa biotecnológica que ya ha comenzado a comercializar las pruebas también. Se llama Life Length y su irrupción está siendo un tsunami, tanto desde el punto de vista económico como sanitario, a pesar de contar con dos años escasos de vida. Su acelerado modelo de negocio y su capacidad para influir en el desarrollo de otras industrias ha hecho que algunos analistas la comparen con el gigante Apple.
El CEO Steve Matlin explica a El Confidencial el alcance que tendrá en nuestras vidas este hito científico llamado a revolucionar la medicina y nuestras propias vidas. “Cuando las pruebas, que consisten en un análisis de sangre, se popularicen para poder reducir así su coste actual, en torno a los 500 euros, dejarán de ser exclusivas de los sistemas de salud privados y se incorporarán a la sanidad pública porque la medicina preventiva es barata y eficaz. En unos cinco años estas pruebas se realizarán de forma rutinaria y serán tan comunes como la prueba del colesterol”. La compañía calcula que los costes se reducirán en un 20% cada año que pase.

Como ha ocurrido a lo largo de la historia con los avances tecnológicos importantes para la humanidad, no han faltado las voces que plantean cuestiones éticas sobre la implantación de esta técnica. En este caso, el dilema gira en torno al hecho de que si es bueno o malo saber cuándo nos vamos a morir. Al margen de las aportaciones más banales, el filósofo inglés Julian Baggini, autor entre otras obras de The Ethics Toolkit: A Compendium of Ethical Concepts and Methods Ethics: The Big Questions, ha contribuido a zanjar desde el punto de vista ético algunas de estas dudas, al menos en el Reino Unido.

En un artículo titulado Es mejor saber cuándo vamos a morir para centrarnos en lo que realmente es importante y publicado en el diario The Independent, Baggini defiende que tenemos derecho a conocer esta información “igual que cualquier enfermo terminal debe ser puesto al corriente de su situación por los médicos”. El filósofo moralista reconoce que la técnica TAT levanta ciertas suspicacias, pero estas tienen que ver con el pragmatismo de cada uno, “no con sus principios éticos”. Las dudas sobre este avance científico no deben resolverse desde la esfera pública, sino desde la personal: “Cada persona es dueña de su cuerpo y la decisión de someterse o no a estas pruebas tiene que residir en la voluntad individual”.


La planificación de nuestras vidas, continúa el filósofo, será mejor si se conoce la esperanza de vida y los riesgos de sufrir enfermedades hereditarias. Así “podremos empezar a centrarnos en lo que realmente importante en esta vida antes de que sea demasiado tarde”. El fundador y editor de la influyente revista The Philosophers’ Magazine, concluye su análisis diciendo que “todos deberíamos hacer estas pruebas porque es necesario recordar la cruda realidad, la vida es corta, y será mejor asimilarlo antes de que sufrir una enfermedad”.
La medicina a corto plazo: preventiva y personalizada
La técnica desarrollada por Life Length consiste en medir cada uno de los telómeros presentes en los cromosomas, teniendo en cuenta que a menor longitud, mayor edad biológica. Esta última es mucho más precisa y real que la edad cronológica, “lo que permite tomar medidas para retrasar el envejecimiento, reducir los riesgos de padecer enfermedades relacionadas con la salud, que al fin y al cabo son la principal causa de muerte, y mejorar la calidad de vida adaptando nuevos hábitos que demoren en el tiempo patologías relacionadas con la vejez, como el alzheimer o el parkinson”, apunta Steve Matlin.
Otra de las puntas de lanza de esta compañía será su base de datos en las que se recogerán las estadísticas sobre los factores que más influyen en el envejecimiento, como el tabaco, el sedentarismo o los alimentos consumidos, según los casos clínicos de sus pacientes. Una valiosa información que servirá “para realizar mejores proyecciones y personalizar los tratamientos preventivos, dietas o suplementos hormonales”.
Para el CEO de Life Length, uno de los problemas del sistema sanitario español es que “no tenemos políticas de salud preventivas. Parece que es mejor esperar a enfermarse e ir al hospital, lo que acaba siendo más caro que invertir en prevención”. Como ejemplo del ahorro de costes Matlin recurre al cáncer de mama: “Con esta tecnología podemos saber con bastante exactitud el porcentaje de posibilidad de contraer esta enfermedad. Si es muy alto habrá que hacerle mamografías más periódicas a la paciente, mientras que si no hay riesgos se podrán espaciar más en el tiempo. De esta forma gestionas mejor los recursos y puedes evitarte una operación para extirpar el tumor que cuesta más de 80.000 euros”.
Matlin sostiene que la medicina de este siglo dejará de ser tal y como la conocemos actualmente. “Cada vez será más personalizada y basada en pruebas genéticas que jugarán un papel muy importante. Hay que darse cuenta de que uno de cada dos niños que nazcan este año en España serán centenarios. Con estas previsiones el número de dependientes será muy grande y el sistema de pensiones insostenible, un reto que solo se puede superar mediante la medicina preventiva”.
Una tecnología básica para desarrollar fármacos contra el cáncer
Una de las industrias que más se beneficiará de estos avances será, sin lugar a dudas, la farmacéutica. “Nuestra tecnología es una gran herramienta para el I+D+i en el mundo farmacéutico. Una de las máximas aspiraciones tiene que ver con el desarrollo de un medicamento que permita regular la pérdida de telómeros para controlar así el envejecimiento”, añade Matlin. Un artículo de la directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas y asesora científica principal de Life Length, María Blasco, ya demostraba con pruebas en animales que “la generación de telomerasa para reparar estas secuencias de ADN alarga un tercio más la vida”.
Otro de los retos es encontrar la fórmula para acelerar el envejecimiento, que se emplearía para matar las células cancerígenas. “Cuando las células mutan, generan telomerasa de forma natural, una encima que provoca que el cáncer se extienda rápidamente. Por ello, si encontramos una proteína que interfiera en la segregación de telomerasa estaríamos creando un fármaco muy potente contra la mayoría de tipos de cáncer”, asegura el científico.
La industria de la alimentación será otra de las grandes favorecidas. Los alimentos destinados a reducir el colesterol o a corregir otro tipo de patologías podrán contar con una mayor evidencia científica. Una ventaja que se podrá extender a los suplementos nutricionales que llenan las estanterías de las parafarmacias, y que no siempre reúnen las propiedades de las que hacen gala.
La facturación de este año ha triplicado a la del ejercicio anterior
Las empresas biotecnológicas pertenecen a uno de los pocos sectores que no solo están capeando el temporal de la crisis económica global, sino que no han dejado de generar beneficios durante estos últimos años. El caso concreto de la española Life Length es paradigmático, al conseguir extender su presencia en más de una veintena de países y cerrar acuerdos con los mayores laboratorios farmacéuticos del mundo en tan solo 24 meses de vida.
Los informes de la Asociación Española de Bioempresas (ASEBIO) dan buena cuenta del peso que está adquiriendo este sector en el conjunto de la economía. Su impacto mundial crece año a año y solo hace falta mirar las cuentas de resultados de Grifols o de la incipiente Life Length para darse cuenta de su magnitud. Esta última compañía facturó 200.000 euros en su primer año de vida, mientras que en el segundo superó los 700.000. Una tendencia que se mantendrá a medio plazo según las previsiones de los responsables de la firma.
Fuente: El confidencial, 29/11/2012   (06:00)

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